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EGIPTOLOGÍA En el Valle de los Reyes (Luxor) La tumba de Tutankamón, el escondite de Nefertiti

http://www.elmundo.es/ciencia/2015/

  • “Estamos ante una tumba dentro de otra tumba”, explica el egiptólogo que plantea esta revolucionaria tesis.

  • El enterramiento del faraón niño, de planta anómala y pequeñas proporciones, escondería un almacén y el pasillo hacia la cámara funeraria de Nefertiti.

Decoración de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes,...

Decoración de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, Luxor.

Durante décadas una legión de arqueólogos y forofos de la egiptología ha buscado sin éxito la sepultura de Nefertiti (1370-1330 a.C.), la atractiva esposa del faraón hereje Ajenatón. El enigma podría estar, por fin, a un paso de ser descifrado. La escurridiza cámara funeraria de la reina -cuyo busto sentó nuestro canon de belleza faraónica- se hallaría a escasos metros del angosto enterramiento de Tutankamón, en las áridas entrañas del Valle de los Reyes. Es la fascinante tesis que acaba de formular el británico Nicholas Reeves.

En los últimos meses este egiptólogo de la Universidad estadounidense de Arizona ha rastreado las fotografías en alta resolución tomadas por la organización Factum Arte que sirvieron para elaborar en su taller madrileño la réplica exacta de la tumba de Tutankamón, expuesta desde el pasado mayo en los aledaños de la casa de Howard Carter en Luxor.

“La prueba que me alertó de la posible existencia de estancias adicionales dentro de la tumba KV62 (perteneciente al faraón niño) fue el reciente escaneado de las paredes realizado por Factum Arte. Las imágenes, al estar libres de cualquier distracción y color, ayudan a examinar con gran detalle la superficie de la cámara funeraria”,

Busto de la reina Nefertiti de Egipto.OLIVER LANG

“Sobre esa textura de yeso -detalla- se pueden discernir trazos lineales que por su tamaño y posición indicarían la presencia de las jambas de una puerta”.

A partir de las huellas localizadas en los muros, el experto -responsable del hallazgo de una tumba en 2000- ha pergeñado un mapa que esboza las zonas que habrían permanecido ocultas desde que en 1923 Carter descubriera la sepultura y, al primer haz de luz, musitara: “veo cosas maravillosas”.

“Estaríamos ante una tumba mucho mayor de la que conocemos ahora. Habría una cámara lateral debajo de la decorada pared oeste de la cámara funeraria y una prolongación de la tumba más allá del muro norte”, enumera Reeves.

En el primer caso -camuflado bajo el mural de los doce monos, símbolo de las doce horas nocturnas que debía transitar el monarca antes de renacer-, la puerta conduciría a un almacén contemporáneo al resto de lo ya hallado. En el segundo, el pasaje llevaría hasta una cámara funeraria. “Mi hipótesis es que nos encontramos ante una tumba dentro de una tumba. El enterramiento de Tutankamón se habría realizado en la parte exterior de una sepultura que ya existía y que se habría adaptado para tal fin. De ser así, habría un segundo enterramiento en los lugares más recónditos de la tumba”, cuenta el arqueólogo.

Mural de los 12 monos, símbolo de las 12 horas nocturnas que debía transitar el monarca antes de renacer.

La inquilina que habría compartido vida de ultratumba con el fugaz faraón -subió al trono a los 12 años y murió cuando rondaba los 20- sería la buscada Nefertiti. Un auténtico nicho real para uno de los mitos del Egipto faraónico, “celebrado como consorte, corregente y probable sucesor de Ajenatón”.

Y es que algunos egiptólogos -en una de las tantas controversias aún por resolver- defienden que la esposa de Ajenatón reinó tras la muerte del primer faraón monoteísta de la Historia bajo el nombre de Neferneferuaten en un breve lapso de tiempo hasta la irrupción de Tutankamón. Las elucubraciones de Reeves disponen de más pesquisas de las que pudiera parecer. Su teoría responde a los interrogantes que desde el hallazgo de la KV62 han enunciado los eruditos a propósito de las pequeñas dimensiones -inusuales para un monarca de la dinastía XVIII- y el anómalo esqueleto del enterramiento.

“Su plano, con el giro a la derecha incluido, es claramente el de la tumba de una reina con evidentes pretensiones regias a juzgar por el ensanchamiento del segundo pasillo”, comenta el académico.

Busto de Nefertiti.

El estudio de los frescos también refuerza su intuición. “Ciertos rasgos estilísticos en la decoración de la pared norte, que dataría del enterramiento original y sería anterior a las pinturas del resto de muros, son una reminiscencia de Nefertiti”, confirma Reeves. La reutilización de la tumba -ante el repentino y temprano óbito del faraón- explicaría que la mayoría del ajuar -unos 5.000 objetos amontonados en la antecámara, la cámara funeraria, la cámara del tesoro y un anexo- fuera de segunda mano. Incluida la máscara dorada -que luce el femenino detalle de las orejas perforadas- y es la joya de una vasta y formidable colección que contrasta con “la modesta escala y la simplicidad de la tumba”.

Los objetos tendrían dos procedencias: un puñado de piezas empleadas en el entierro de Ajenatón -que, según el análisis de ADN efectuado hace un lustro, sería el padre de Tutankamón- y otras preparadas inicialmente en honor de su corregente o sucesora. “Los antiguos enterradores tuvieron que improvisar: echaron mano de lo que había en el valle de los reyes y lo que estaba en desuso en los almacenes de palacio fue aprovechado y adaptado”, escribe Reeves en el ensayo publicado este mes en la revista del Amarna Royal Tombs Project.

Una hipótesis por probar

Sobre lo que se esconde más allá de las supuestas habitaciones reformadas para acoger el descanso del faraón, el artífice de la tesis suplica cautela. “De momento solo podemos especular sobre quién y qué podría hallarse en esas estancias. El primer paso sería inspeccionar el lugar con radar, que determinará si hay realmente agujeros. Si los hay, tendremos que planear el próximo paso con sumo cuidado”.

Recibida con expectación entre la comunidad científica, la investigación de Reeves batalla ahora con las autoridades egipcias en busca de un cotizado permiso que le permita descender a la tumba de Tutankamón. “La posibilidad de estar a las puertas de un nuevo descubrimiento es extremadamente importante.

La revolución de Amarna es uno de los período más fascinantes del antiguo Egipto pero la documentación que poseemos está plagada de contradicciones e incoherencias. Necesitamos pruebas desesperadamente. Si mi teoría es correcta, estaríamos en condiciones de hallarlas. Si, por el contrario, estoy errado habrá que seguir buscando”, concluye.

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